Obra Completa. Volumen I – Alfonso Reyes

Cuestiones estéticas. Capítulos de literatura mexicana. Varia.

Este primer volumen de las Obras completas de Alfonso Reyes (1889-1959) incluye, ademas de Cuestiones estéticas, los Capítulos de literatura mexicana, que configuran el paisaje de la poesía mexicana del siglo XIX. En Varia, hallamos paginas sobre temas diversos, desde un discurso de los años estudiantiles, hasta un articulo que recuerda a un periódico mexicano del siglo XIX.

Sobre el Autor.

Alfonso Reyes (Monterrey, 1889 – Ciudad de México, 1959) Ensayista, crítico, poeta y narrador mexicano, relacionado con la mejor tradicion literaria occidental, desde la antigüedad grecolatina hasta las creaciones de Mallarmé y la estética simbolista. Ejerció un notable magisterio en la cultura de su tiempo, promovió la fundación de sólidas instituciones dedicadas a la difusión del conocimiento, y marcó la obra de casi todos los escritores mexicanos posteriores a él, como Octavio Paz y Carlos Fuentes.

Hijo de Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León, y figura muy cercana a Porfirio Díaz, tuvo una infancia rica en lecturas y experiencias vitales. En la ciudad de México perteneció al brillante grupo intelectual de la Escuela Nacional Preparatoria. Junto con Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos fundó el Ateneo de la Juventud, agrupación cultural que pretendía un México moderno y contemporáneo del mundo.

Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, fue fundador del Instituto Francés de América Latina y de El Colegio de México, uno de los centros académicos de alto nivel más prestigiosos del país. Por su casa transitaron Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, los hermanos Henríquez Ureña, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y J. Gorostiza, entre otros.

Candidato al Premio Nobel en cuatro ocasiones, nunca llegó a recibirlo; pero su constante entrega a la cultura, sus aportaciones a la literatura mexicana y la calidad de su obra le valieron numerosos premios y reconocimientos públicos, entre los que pueden destacarse por su significado el Premio Nacional de Literatura, que le fue concedido en 1945, el Premio de Literatura Manuel Ávila Camacho (1953) y el del Instituto Mexicano del Libro, que recibió en 1954. Pocas fueron, en definitiva, las actividades culturales mexicanas que no se vieron influidas.


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